Impresionante ha sido el desarrollo alcanzado por España en los últimos veinte años, desde su entrada en la para entonces llamada Comunidad Económica Europea con todas las características de país tercermundista, hasta llegar hoy a sustentar la capacidad productiva de un 1% a un 2% del producto interno bruto mundial, además de presentar a lo interior un sistema sanitario de cobertura universal, un sistema educativo público con una media de inversión de un 4,8 % de su producto interno bruto; así como de una ordenación urbanística, medio ambiental e institucional de país de primer mundo, que es, la España del momento actual.  Multiplicidad de factores pueden ser señalados como responsables del éxito alcanzado.  Dentro de estos factores hemos de destacar la inmigración positiva de ciudadanos de diversos países.  Es este flujo de mano de obra poco cualificada, en su mayoría, la que se ha encargado de ocupar los puestos de trabajos que a los españoles no interesan, energetizando con su sudor el aparato productivo de esta tierra, llegando a conformar un conglomerado de 3.730,610 millones de inmigrantes legalmente establecidos en territorio español.

Conjuntamente con el éxito de su joven democracia, el pueblo español ha dejado de mirar solo a su vecindad para ejercitar la aceptación y el respeto a lo diferente, al punto de que su gobierno ha planteado en el congreso de los diputados el que se permita a los inmigrantes ejercer el derecho a elegir y ser elegidos.  Dicha propuesta exige a esta comunidad el alcanzar una mejor ordenación, mayor intervención y más eficacia participativa como comunidad de inmigrantes.  A partir de esta perspectiva, tenemos todos que aunar voluntades que nos permitan plantear posiciones coherentes, sobre metas claras y bien definidas, que nos involucren en actividades por venir, con la intención de definir posiciones.  La incidencia y satisfacciones que habremos de alcanzar en la vida española del futuro dependerán del trabajo con unidad de criterios que ejecutemos ahora.  De la prestancia de un colectivo inmigratorio unificado tenemos varios ejemplos en los Estados Unidos de Norteamérica (EUA); puede el Estado de la Florida servirnos de modelo para mostrar a una comunidad iberoamericana unida e integrada de pleno derecho en el quehacer público.  Reconozcamos además, el poder que ejerce la económicamente poderosa comunidad judía, la que en unidad, ha logrado el apoyo incondicional de todos los gobiernos norteamericanos contemporáneos al Estado judío en medio oriente. 

Por el contrario, tengo que reconocer la mínima representatividad y poder que tiene la colonia dominicana en EUA, ésto a pesar de ser cerca de 2 millones de dominicanos distribuidos en toda la geografía de ese país, la ciudad de New York es la segunda en población de la República Dominicana, con una media del 85% de todas las tiendas dedicadas a la alimentación (bodegas y supermercados) en propiedad de los dominicanos que allí residen; aun así no hemos sido capaces de ejercitar el dominio que este índice porcentual nos ofrece, para ser determinantes en tan importante sector.  Lamentablemente la carencia de participación en los proyectos políticos, la individualización de las metas, el desinterés en una plena inserción en la cultura anglosajona, conjuntamente con la inexistencia de una unidad en pensamiento y acción entre nuestros coterráneos, figuran como parte de las razones por las cuales no ha podido este grupo migratorio alcanzar el sitial que le corresponde. 

En definitiva, pienso que es nuestra responsabilidad el que primero, aprendamos de las generaciones anteriores de emigraciones en Europa y Norteamérica, segundo, demos los pasos imprescindibles para organizarnos, nacionalizarnos y votar, y tercero tenemos que asimilar el concepto de que en un pensamiento latinoamericanista, conciliador, incluyente, de respeto, y orgulloso de las tierras de nuestros orígenes es donde radica nuestra fuerza como colectivo; pues será a través de este tipo de comportamiento en el exterior como lograremos ayudar a salir a nuestros hermanos de la pobreza y la desesperanza en que sobreviven en nuestros añorados pueblos de nacimiento.

De ahí que, solo nos queda, el cumplir con nuestra responsabilidad y participar masivamente en todas y cada una de las actividades que se desarrollen con y por nuestros hijos, padres, abuelos y demás seres queridos.  Con la fortaleza y determinación de una raza unida iniciemos con ilusión el camino y demos un ejemplo inmigratorio.  Sin prisas pero sin pausas...Llegaremos.